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Covid-19: "Así fueron mis primeras 48 horas tras el contagio con ómicron"

Por hollisterclothingoutlet 28/04/2022 117 Puntos de vista

Llevo dos años escribiendo en este periódico sobre coronavirus. Cada semana me he dedicado a destripar los misterios de las mascarillas, los geles hidroalcohólicos, las PCR, las vacunas, las variantes... y lo que surgiera, según la ola pandémica en curso.

Durante todo este tiempo he surfeado las olas, hasta que la sexta me ha revolcado. Sí, el pasado martes di positivo así que escribo estas letras desde mi habitación, en la (bendita) soledad de mi confinamiento. Hoy escribo como paciente, y no como divulgadora, con el simple objetivo de normalizar y empatizar con una situación, dar positivo, que dos años después sigue poniendo patas arriba cada hogar cuando llega el momento.

Mi primer covid, Chispas.

Hay algo especialmente frustrante en contagiarse en esta sexta ola. Y es que los que hasta ahora no nos habíamos contagiado (y además habíamos superado la gincana de la Navidad) estábamos muy 'creciditos' y ya bromeábamos, ilusos, con donar nuestro cuerpo a la Ciencia. Por su parte, los que ya se habían contagiado una, dos y hasta tres veces, pensaban que ya habían cumplido con el bicho y no les tocaba confinarse más. Sea cual sea el grupo en que estés, la frustración está garantizada.

Soy positivo, ¿y ahora qué?

El martes por la noche tenía fiebre y cierto picor de garganta. "Esto huele a bicho" -pensé-. Me hice un test de antígenos y con el resultado negativo, y también con la mosca detrás de la oreja, me fui a la cama. Tras una noche toledana, con fiebre y escalofríos, me levanté a las 7.00 am y me hice otro test. Esta vez la rayita de la T se marcó incluso antes de la C: "Es positivo" -le dije a mi marido, que observaba la escena, muy atento, sentado en un taburete de la cocina-.

Al oír mis palabras saltó como un resorte y me espetó:

- ¡Estás sin mascarilla!

- ¡Y tú en pijama! Y te recuerdo que acabas de salir de la cama conmigo.

- Ya, pero... ¡tú ahora eres positiva!

Y mientras decía esto salió corriendo. Volvió muy serio enfundado en su FFP2 y desde el otro lado de la isla de la cocina, como un torero tras la barrera, me lanzó una mascarilla para mí, como un frisbee.

Covid-19:

- Hazme el favor y póntela.

Y dicho esto, salió de la cocina zumbando.

Yo no soy de llorar, pero entre la fiebre, el palito por la nariz, la mascarilla frisbee, la tensión y la frustración por ser finalmente revolcada por la sexta ola se me escaparon unas lágrimas. Le perseguí por el pasillo y me eché en sus brazos. Que sí, que yo la teoría me la sé... que no hay que abrazarse... pero mi marido y yo habíamos salido de la misma cama hacía diez minutos y yo, por primera vez en mi vida, necesitaba cariñito.

- ¿Dónde vasssssss, hermosa? -dijo él, estirando los brazos como un zombi y echándose dos pasos hacia atrás mientras me acercaba.

Y marido-zombi, que se sabe la teoría mejor que yo y en ese momento demostró tener más cabeza, me dejó en mitad del pasillo a medio abrazar y se fue directo a nuestra habitación.

Abrió la ventana, cogió una maleta y empezó a abrir cajones y a guardar un montón de ropa. A lo loco, como cuando en las películas alguien se arrebata y se larga de casa por despecho.

Me metí en la cama tiritando (recordemos que la ventana estaba abierta) y desde allí le escuché repasar en voz alta como quien recita el padrenuestro esos protocolos que yo he contado tantas veces, pero que cuando te toca implementar en primera persona cuesta recordar. Alguien tenía que poner cordura. O por lo menos intentarlo:

- A ver... los niños llevan solo una dosis... así que no queda más remedio: si el contacto es de un conviviente tienen que confinarse. Ahora hay que escribir a los profes para las clases online, al señor del autobús de la ruta... ¿Puedes? -dijo él levantando la cabeza para mirarme mientras revolvía un cajón del que sacaba calcetines a puñados-.

Yo observaba la escena atónita desde la cama. Ahora mis hijos, además de mis hijos, eran "convivientes de un contacto estrecho":

- Pues... tengo frío y la verdad es que lo último que me apetece es sacar los brazos del nórdico. Escribe tú que yo no tengo cuerpo. Oye, ¿Y tú qué vas a hacer? Tú sí estás vacunado así que estás exento de cuarentena y puedes ir a trabajar... Pero si te puedes quedar en casa mucho mejor. ¿Te puedes quedar en casa?

- Sí, pero a dormir me voy al cuarto de invitados

- Tranquilo cariño, eso ya me había quedado claro.

- Vale... no te lo tomes a mal, es que tú eres positiva y yo...

- Tranquilo, eso TAMBIÉN me ha quedado claro.

- Ok. Y a los niños... ¿quién de los dos se lo cuenta?

- ¿Vamos a separarnos? ¿Me he perdido algo? ¡Que solo es COVID-19, ¡por el amor de Dios!

Y dicho esto, salió de la habitación con la maleta en la mano y las zapatillas de correr en la otra. Por un momento pensé que para salir huyendo.

A los dos minutos escuché unas vocecillas alegres al otro lado de la pared.

- ¡Viva! ¡hurra! ¡Una semana sin cole!

Por lo que se veía, el resto de convivientes-contacto-estrecho, sangre de mi sangre, también estaban altamente preocupados por la COVID-19 de su madre.

Podría haber sido peor...

Si la escena les ha parecido trágico-cómica, me ha contado una amiga que su marido, en este mismo punto, directamente sí se largó de casa. Pero a 150 km de distancia. Debió ser un cuadro verle salir del portal arrastrando una maleta con los calcetines asomando, en pijama y con la FFP2 puesta. Yo tuve suerte y mi marido se quedó. Supongo que lo hizo únicamente porque teníamos un par de asuntos (dos hijos) que resolver. Por eso y porque su madre le pilla lejos, incluso a más de 150 km.

No, no estoy sola. Cada positivo desencadena distintas reacciones en su correspondiente hogar. Reacciones que pueden ir desde la negación, la rabia y la frustración hasta la tristeza pasando por el miedo. En ocasiones, paradójicamente, todo salpicado con cierto alivio, porque al fin el bicho ha dado la cara y se ha despejado la incógnita. Pero, de lo que no hay duda,es de que cada positivo pone la casa entera (y las emociones) patas arriba.

Por tanto... infórmate, que algo queda

Después de dos años haciendo divulgación sobre el coronavirus, ahora que me toca en mis propias carnes, entiendo mejor que nunca lo complicado que es "hacer las cosas bien". En todos los hogares surgirán dudas sobre cómo aislar a un positivo, sobre quién está exento de hacer cuarentena, sobre cuándo desconfinarse, sobre cuándo es el mejor momento para que se hagan un test los convivientes.

Y, sin embargo, sigue siendo más importante que nunca saber cómo actuar para no expandir el virus. Por tanto, infórmate. Busca fuentes oficiales y estate preparado. Porque cuando las dos rayitas asomen a tu puerta... el paracetamol será fácil de conseguir, pero a confinarse hay que llegar medianamente aprendido o los nervios te pueden jugar una mala pasada.

Ánimo a todos y a cuidarse mucho. Yo aquí me quedo... confinada y esperando que llegue el día para que me den el medio abrazo que me deben.


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