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Diez objetos que los pediatras no usamos con nuestros hijos

Por hollisterclothingoutlet 10/03/2022 173 Puntos de vista

Fuente: Pixabay

Una de las cosas que más me molesta como pediatra es ver cómo muchos padres y muchas madres se rinden al marketing para bebés y acaban comprando cosas que no son necesarias para criar a un hijo, sobre todo desde el punto de vista de la salud. Es frecuente escuchar en la consulta frases como ‘Ya tenemos tal cosa…’ o ‘Nuestra prima Maricarmen nos ha regalado esta otra y nos ha dicho que es imprescindible ahora que ya somos papás’. Sin, embargo, la mayoría de estos objetos no tendrán un impacto que mejore la salud de sus hijos, por lo que al final se traducen en perdida de dinero y en la falsa sensación de que hay que tener algo para que todo vaya bien.

En este sentido, los pediatras huimos de ciertos productos que no son necesarios y no los tenemos en nuestro catálogo de cosas que usamos durante la infancia de nuestros hijos. En este post me propongo explicaros cuáles son esos cacharros para que lo tengáis en cuenta cuando veáis algún anuncio de no sé qué producto o para cuando os recomienden en el parque el no va más para los más pequeños de la casa.

1. Un esterilizador de biberones

Todos sabemos que la lactancia materna es el mejor alimento para un niño, pero también es verdad que la mayoría de ellos acaban tomando leche de fórmula en algún momento. Y para ello, un biberón se hace imprescindible.

La verdad es que no se a quién se le ocurrió la genial idea de tener que esterilizar los biberones, ya que ninguna sociedad científica ni la mismísima Organización Mundial de la Salud lo recomienda, ya que lo indicado es lavar bien los biberones y las tetinas con agua y jabón y secarlos para que no queden restos de leche. Con este sencillo acto es más que suficiente para que los recipientes con los que dais de comer a vuestros pequeños estén limpios.

Además, intentar esterilizar un recipiente es absurdo, ya que al sacarlo del esterilizador empezaría a tener contacto con las bacterias que hay en el ambiente, por lo que por muy limpio que saliera del susodicho aparato, acto seguido dejaría de ser estéril. Y por otro lado, como decía una buena amiga que se dedica a la lactancia materna, ¿por qué habría que esterilizar los biberones si las madres no se esterilizan las pechos cuando dan de mamar a sus hijos?

Pues eso, que podéis usarlo porque no es dañino, pero lo que sí que es seguro es que no es necesario.

2. Un aspirador de mocos

Y si el que pensó que un esterilizador de biberones es necesario para la salud de los niños es un genio, el que dijo que todas las familias deberían tener un aspirador de mocos le sigue a la zaga.

Es cierto que los niños pequeños no saben sonarse los mocos y que cuando están acatarrados están muy incómodos, pero un sacamocos no es la mejor fórmula para realizar esa tarea. En primer lugar, porque es muy difícil que consigan aspirar toda la fosa nasal y, por tanto, que el niño seguirá con mocos; y en segundo lugar, porque esos aspiradores de mocos en los que papá o mamá chupan de un tubito para que así se genere la presión para que salgan los mocos son una guarrada (no sé vosotros, pero yo no me veo sorbiendo los mocos de nadie con una pajita).

Y os preguntaréis entonces que qué hacemos los pediatras para limpiar los mocos de nuestros hijos. Pues cuando de verdad hay un tapón de moco que al niño no le deja respirar realizamos lavados nasales con suero fisiológico, lo que vendría a ser una limpieza de cañerías. En el mercado tenéis muchos dispositivos, pero nosotros preferimos usar una botella de suero fisiológico grande e ir cargando una jeringuilla de 5 o 10 mL.

3. Un humidificador

Y hablando de mocos, parece que si no tienes un humidificador de última generación es que te has quedado anclado en el siglo pasado…

Es cierto que la humedad puede ayudar a que la vía aérea esté más lubricada, pero de ahí a que haga falta tener un humidificador para conseguir que vuestras casas se parezcan a la ribera del Támesis cuando cae la niebla en Londres hay un trecho. Nosotros no tenemos humidificador a pesar de vivir en el centro de la península ibérica, que como sabréis en pleno verano hace un calor que aquello parece el Sahara, y cuando queremos que haya un poco más de humedad en el ambiente ponemos unos cuencos de agua encima del radiador (si es invierno) o colgamos una toalla mojada y escurrida en la habitación de los niños. Con ello suele ser suficiente para que la humedad ambiental aumente y que a nuestros retoños no se les reseque la nariz por las noches.

Y bueno, si un humidificador no es imprescindible, comprenderéis que a los aparatos más modernos a los que les añades liquiditos con esencias y olores les pasa tres cuartos de lo mismo.

Diez objetos que los pediatras no usamos con nuestros hijos

En cualquier caso, un humidificador no es un aparato que sea necesario para criar a un hijo, ya que hay formas más sencillas, baratas y sin tanta cacharrería para aumentar la humedad ambiental de una vivienda.

4. Un chupete con forma de cereza

Los chupetes pueden ser una herramienta muy interesante para que un bebé se calme, ya que la succión no nutritiva hace que los niños pequeños segreguen endorfinas con efecto relajante. Sin embargo, como todo en la vida, no es oro todo lo que reluce, ya que los chupetes alteran el desarrollo de la mandíbula, los dientes y la cavidad oral.

Es cierto que si se realiza una retirada a tiempo del chupete, lo ideal es antes de los 2 años de vida, la mayoría de esas alteraciones desaparecerán, aunque todo dependerá de la intensidad de las mismas. Y como os podéis imaginar, hay chupetes que generan más deformidad que otros.

Sin duda alguna, los chupetes que ahora están tan de moda y no hay infleuncer de Instagram que no lo use para sus hijos son los que tienen la tetina redondeada y con forma de cereza. El problema de estos chupetes es que tienen una tetina muy grande y, sobre todo, un cuello (la zona del chupete que une el cuerpo de la tetina con el escudo) muy ancho, justo las dos cosas que más influyen en el desarrollo de alteraciones mandibulares.

Por tanto, en el caso de que vuestra opción sea ofrecer a vuestros hijos un chupete, elegid aquellos que tengan la tetina anatómica o fisiológica más pequeña y con el cuello lo más estrecho y fino posible.

5. Un aparato para vigilar por la noche la frecuencia cardiaca y la saturación de oxígeno

Reconozco que con nuestro primer hijo teníamos un vigilabebés en el que por la noche o cuando dormía la siesta podíamos ver si se había despertado cuando hacía algún ruido o se movía. Lo utilizábamos para saber si se había desvelado y se daba la vuelta se volvía a quedar dormido o es que se había despertado hasta el punto de tener que hacerle una visita.

Pero lo que nunca se nos pasó por la cabeza es monitorizar su frecuencia cardiaca ni su oxígeno en sangre mientras dormía, ya que esos datos no proporcionan una mejor calidad de sueño a los padres, ni nos podría en preaviso de que algo podía estar pasando. Se que estos cacharros se venden con la premisa de generar tranquilidad, pero ¿qué sería de la paternidad o la maternidad sin la incertidumbre? Sobre todo cuando estos dispositivos no han demostrado que disminuyan el riesgo de muerte súbita del lactante ni de que sean capaces de anticipar que al niño le pasa algo. Vamos, tecnología moderna al servicio de la nada.

Si lo que realmente buscamos es un ambiente seguro para que duerman vuestros hijos, lo que recomienda la Asociación Española de Pediatría es la co-habitación (que los niños duerman en la misma habitación que sus padres) hasta los 12 meses de vida como la forma más segura de que un niño de corta edad duerma por la noche. Como pediatras estamos completamente de acuerdo con esta recomendación.


Hagamos un breve parón para recordaros que nuestro libro salió a la venta hace casi un año y esta siendo de gran ayuda para todos los padres y madres que buscan explicaciones sencillas a las enfermedades de sus hijos. Si estáis interesados, podéis adquirirlo en librerías o a través de los siguientes enlaces: Amazon, La Casa del Libro, Todos tus Libros, El Corte Inglés y desde el catálogo de la editorial.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O


6. Un cojín para la plagiocefalia

La plagiocefalia es una enfermedad en la que el macizo craneal se deforma por un excesivo apoyo de la cabeza en un mismo punto en su parte de atrás y que desde hace unos 30 años es mucho más frecuente que en tiempos pasados, sobre todo desde que a primeros de los años 90 se puso en marcha la campaña “Ponle a dormir boca arriba” para prevenir la muerte súbita del lactante. La mejor forma de prevenir la plagiocefalia es dejar que el niño se mueva libremente para que el apoyo de la cabeza se reparta por igual en distintos puntos de la zona occipital.

Es cierto que en casos seleccionados, y siempre tras haber descartado una serie de cosas, como un tortícolis congénita, el famoso cojín antiplagiocefalia, sí, ese que tiene forma de mariposa y es muy blandito y deja como un agujero en su centro, puede ayudar a distribuir el peso de la cabeza en un niño que ya tiene plagiocefalia y que ésta no progrese. Sin embargo, no es necesario que todos los niños sanos lo usen. De hecho, si a una cabeza normal la colocas en el famosos cojín puede que impidas que el niño la mueva con normalidad, lo que se puede traducir en que se quede apoyada siempre en la misma zona y entonces sobrevenga la plagiocefalia que se quiere evitar.

En cualquier caso, si os preocupa la forma de la cabeza de vuestros hijos, antes de hacer algo que pueda perjudicarle, consultadlo con el pediatra.

7. Un cojín antivuelco

Si seguimos con el tema cojines, el cojín antivuelco, uno que se coloca a un lado de el niño para prevenir que se gire a boca abajo o boca arriba, no es que no sea recomendable, es que es hasta peligroso.

Como decía en el apartado anterior, lo que se recomienda actualmente es que los niños duerman boca arriba para prevenir la muerte súbita del lactante. Muchos padres creen que esta postura podría predisponer al atragantamiento en el caso de que el niño regurgite un poco de leche.

Pero oye, que estén boca arriba no quiere decir que no puedan girar la cabeza hacia un lado. De todas maneras, algunos de esos padres preocupados piensan que para prevenir esa aspiración de leche lo mejor es colocar al niño de lado, y para que no vuelva a colocarse boca arriba colocan el cojincinto antivuelco del que os hablaba. Lo peligroso de esto es que si colocas a un niño de lado le habrás colocado a mitad de camino para ponerse boca abajo, que es lo que se ha relacionado y mucho con la muerte súbita del lactante. Además, tampoco se recomienda que haya en la cama cojines o peluches sueltos bajo los que puede acabar atrapado un bebé, así que a todas luces no creo que ningún pediatra en su sano juicio haya comprado este objeto para tenerlo en la cuna de sus hijos.

8. La barrita de árnica para los golpes

Tengo que reconocer que una de las cosas que más me divierte es la mirada sorprendida de otros padres cuando rechazo la barrita de árnica que me ofrecen en el parque después de que mi hijo dé un traspié y se golpee la cabeza contra el suelo. No existe evidencia científica que esas barritas prevengan la salida de un chichón ni que mejoren la inflamación de un golpe y, por supuesto, que eviten que el niño pueda tener una lesión grave tras un traumatismo craneal, más allá del efecto placebo.

Cuando mis hijos se dan un golpe, lo que hago es aplicarles hielo o darles un antinflamatorio como el ibuprofeno, que es lo que se recomienda en las guías clínicas de atención a un niño con un golpe en la cabeza. Vale que en el parque no tenemos hielo, pero pasarles la barrita de árnica solo genera la sensación de que estás haciendo algo, sin que realmente provoque ningún efecto en el chichón. Vamos, lo que es el sana sana culito de rana de toda la vida. Eso sí, lo que es seguro es que haya alguien en su casa frotándose las manos con la fortuna que está haciendo a base de barritas de árnica vendidas a padres que buscan lo mejor para sus hijos.

Así que me arriesgaría a decir que ningún pediatra lleva en el bolso la famosa barrita para los golpes, aunque puede que me equivoque, porque por haber, hay de todo en la viña del Señor.

9. Un dispositivo antiatragantamiento

En esto de la crianza, el miedo es una de las cosas que más vende. Cualquier cosa que asegure que evita la muerte de un niño tiene muchas papeletas para ser un éxito de ventas. Sin embargo, una cosa es el marketing de un producto y otra bien distinta es que haya demostrado que sirve para lo que está diseñado.

Los protocolos de atención a un niño que se atraganta se revisan constantemente y a día de hoy están muy claros: en el caso de que un niño tenga un atragantamiento que compromete su vida (cuando tose sin fuerza o se queda inconsciente), lo que hay que hacer es la maniobra de Heimlich (si tiene más de un año) o aplicar golpes interescapulares o compresiones torácicas (en menores de un año), y en el caso de que sobrevenga una parada cardiaca empezar con la secuencia de RCP.

A pesar de que desde hace años existen en el mercado unos aparatos antiatragantamieto (por su aspecto son como desatascadores), estos no han demostrado de forma fehaciente que mejoren la supervivencia de una persona que se atraganta, por lo que emplearlos puede ser incluso contraproducente al retrasar las maniobras que sí que han demostrado ser eficaces. Y esto no lo digo yo como pediatra, que también, sino que ha sido expuesto en varias ocasiones por los diferentes organismos que se dedican a evaluar y decidir qué es lo que hay que hacer en estos casos.

No me quiero extender más en este punto, pero a diferencia de los otros artículos comentados en este post, en los quedaría igual que los usarais porque no van a provocar daño a vuestros hijos, en esto de los dispositivos antiatragantamiento lo tengo muy claro: no son recomendables y lo que debería hacer la gente que trabaja habitualmente con niños es formarse en reanimación cardiopulmonar.

10. Una redecilla para probar comida y sabores nuevos

En el punto anterior decía que los atragantamientos son una de esas cosas a las que más miedo tienen los padres. Y para evitar que se produzcan, alguien pensó que diseñar una redecilla en la que se mete comida y el niño la chupa para así extraer el jugo del alimento era una buena idea.

Desde nuestro punto de vista, este artilugio es innecesario ya que no hay ningún inconveniente en que los niños prueben directamente nuevos alimentos sin tener que interponer una redecilla entre medias. De hecho, mientras los alimentos estén preparados para que no exista riesgo de atragantamiento, es decir, que sean blandos para que el niño los pueda aplastar con las encías o con la lengua contra el paladar y que no sean ni muy fibrosos ni redondos, se pueden ofrecer desde el inicio de la alimentación complementaria.

Así que fuera redecillas y dejemos a nuestros hijos tocar, chupar, oler y experimentar con la comida lo antes posible, ya que es una garantía de que en el futuro acepten de buen grado un gran abanico de texturas y sabores.

EXTRA BONUS: Un correpasillos o taca-taca

Y ya por último, algo que ha demostrado ser peligroso y que por mucho que lo parezca no mejora el desarrollo psicomotor infantil.

Pues sí, los correpasillos y los taca-taca son peligrosos porque dan al niño habilidades que todavía no es capaz de controlar, por ejemplo, desplazarse a toda velocidad por casa o estar elevado como para coger cosas que si estuviera en el suelo no estarían a su alcance. De hecho, tanto la Academia Americana de Pediatría como la Asociación Española de Pediatría desaconsejan su uso por la alta tasa de accidentes que provocan.

Además, una de las cosas que parece que prometen este tipo de artilugios es que vuestros hijos caminarán antes, como si fueran una especia de entrenadores para la vida futura. Sin embargo, un niño camina cuando está preparado para hacerlo y antes ha de pasar por una serie de etapas que no se puede saltar. De esta forma, los taca-taca no aceleran ese proceso, de hecho, podrían incluso llegar a interferir en ese desarrollo psicomotor.


Y hasta aquí el resumen de esas cosas que se anuncian a bombo y platillo y que parece que son imprescindibles cuando llega un chiquitajo a la familia, pero que desde el punto de vista de la salud no son necesarias e inclusos pueden llegar a ser peligrosos. Sé que muchos estaréis pensandoque todo esto es una exageración, y quizá lo sea, pero al igual que en consulta no recomiendo jarabes para la tos o los mocos porque no han demostrado eficacia o les digo a muchos padres que sus hijos no necesitan vitaminas para mejorar las defensas, este post recoge la lista de cosas que tampoco recomendaría en el caso de que me preguntaran por si este o aquel artilugio que les han sugerido es interesante para el niño.

Tags: bebés, Crianza, niños, pediatría |Almacenado en: Opinión

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