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Vea el lugar horroroso donde va a morir su ropa vieja

Por hollisterclothingoutlet 17/06/2022 86 Puntos de vista

Un día de agosto me encontré encima de una de las montañas más impresionantes que he visto. La escalda fue con muy poco equipo, con las mismas zapatillas Nike que uso en la cinta de caminar. No tenía arneses, guías ni estaciones de reaprovisionamiento en la trepada. De hecho sólo me llevó alrededor de 20 minutos llegar a la cumbre, pese a detenerme frecuentemente para tomar fotos. En la cima mire hacia mi derecha y había un cielo azul interminable y a mi izquierda una nube de negro humo furioso.Vea el lugar horroroso donde va a morir su ropa vieja Vea el lugar horroroso donde va a morir su ropa vieja

No era una montaña típica. Ubicada a unos 38 km de la ciudad capital de Accra, en Ghana, el basural Kpone tiene desechos hogareño, bolsas de plástico, restos de comida y -sí, adivinaron- ropa. Sucede que una porción de Kpone se había incendiado y por ello el humo negro. A lo largo de la semana todo el relleno se incendiaría.

Si se pregunta cómo puede ser que zapatos, ropa y accesorios con etiquetas extranjeras llegan a un relleno de tierra en Ghana no está solo. Muy pocos de nosotros nos preguntamos qué sucede con nuestra ropa cuando nos deshacemos de ella. Llevamos bolsas de consorcio llenas de ítems que ya no nos “provocan alegría” al Ejército de Salvación, o las lanzamos a los tachos de basura junto con las tasas de papel de Starbucks. Donamos con buenas intenciones, queremos que nuestras cosas tengan una segunda vida; creemos que alguien más les dará buen uso, aunque nosotros hayamos decidido que son inútiles. Y si bien eso a veces sucede, la verdad es que no hay suficiente demanda global de las cantidades masivas de ropa de segunda mano de baja calidad que donamos. Como resultado de ello, nuestras buenas intenciones se vuelven basura costosa y abrumadora y una pesadilla ambiental para gente que vive al otro lado del mundo.

Kantamanto, ubicado en Accra, es uno de los mayores mercados de segunda mano en toda África occidental. El motivo por el que existe es por la enorme sobreproducción y subvaluación de ropa. Esto se está convirtiendo en un problema global, pero es Estados Unidos el que encabeza la carga. Cada año Estados Unidos exporta más de medio millón de kilos de ropa usada.

El futuro no se ve muy brillante para los vendedores minoristas en Kantamanto. Cuanto más moda descartable damos, tanto más presión hay para que los minoristas vendan menos piezas por más dinero. Pero ésta no sólo no es de suficiente calidad como para soportar una segunda o tercera vida sino que no es del estilo o las telas que apelarán a los habitantes de Ghana.

Con un inventario cada vez más pequeño de ropa de segunda mano de calidad y un inventario creciente de ropa descartable, los ghanianos se ven forzados a hacer exactamente lo que creemos que no sucederá cuando donamos nuestras piezas indeseables. Viajan miles de kilómetros para terminar en la basura, sin llegar a tener siquiera un vislumbre de la segunda vida prometida. Lo que es más, los sistemas de descarte en Ghana y gran parte del mundo en desarrollo están menos desarrollado que en los Estados Unidos, lo que resulta en más contaminación e impacto en el clima que si se hubiera descartado simplemente en el mundo desarrollado, por no decir nada del costo ambiental de transportar toda esa basura.

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La basura es tan integral al movimiento de Kantamanto como la moda. Por cada tres prendas que se venden en Kantamanto, dos van a la basura. Permítanme hacer una pausa. Más de la mitad de nuestra ropa que es enviada a Accra va al relleno de tierra.

Este giro ha hecho de Kantamanto el punto más consolidado de búsqueda de basura de todo Accra y posiblemente todo el país; sin embargo, sólo un 25% de la basura total de Kantamanto es enviada a un relleno de tierra. Otro 15% es recogido por recolectores privados informales que pueden volcarlo ilegalmente en vías de agua, enterrarlo en playas, quemarlo en terrenos abiertos o simplemente dejarlo junto al camino. Este desecho no regulado es lo que estuvo detrás del brote de cólera de 2014 que mató a 243 personas.

Tristemente, el tramo final del viaje de nuestra ropa tiene completo sentido. En primer lugar, el trabajo manual y la producción fueron encargados a países donde la ausencia de normativa hace que todo sea más barato y esto oculta las realidades de cómo se hace nuestra ropa y al mismo tiempo lo hace más sucio. Ahora lo mismo está sucediendo con lo que descartamos, por lo que países sin infraestructura confiable se ahogan en nuestra basura.

Llegamos al relleno de tierra un brumoso viernes por la mañana. Se me dijo expresamente que no debía usar cosméticos en los ojos cuando fuera a Kpone; elementos químicos presentes en el relleno harían que la máscara cuajara en mi pestaña.

Había visto el humo desde muchos kilómetros de distancia pero supuse que era otra cosa. Sin embargo, cuanto más nos acercamos tanto más claro se hizo cuál era la fuente. Alrededor de un cuarto del relleno está incendiado, creando nubes de humo negro que se elevaban hasta donde se pudiera ver. Bajar del auto del lado que se estaba quemando fue como meternos en el plató de Los Juegos del Hambre. Mire a la tierra arcillosa densa para tratar de ordenar mi cabeza. Pero cuando mis ojos aterrizaron en la silueta de un par de vaqueros y un vestido bordado de niña incrustados en la tierra como fósiles, mi mente me transportó a todos los lugares donde esa ropa pudo haber estado. ¿El algodón se cultivó en Texas o la India? ¿La ropa fue terminada en Dhaka o Shaoxing? ¿Se vendió en New York o Minnesota o Londres o paso directamente por Kantamanto, para venir a sufrir esta muerte vergonzosa, quedando completamente olvidada la gente cuyas manos la produjeron y vendieron?.

La trepada del relleno fue al mismo tiempo caza del tesoro, show de horror y temor, al descender el humo. Aunque llevaba un barbijo, mangas y pantalones largos deliberadamente protectores, la mezcla turbia de restos de comida, bolsas de plástico y ropa era alarmante. Me mantuve concentrada jugando al “veo veo”. Las bolsas de plástico eran lo más fácilmente identificable, con su brillante azul y verde de neón punteando la topografía gris como confeti. Mis Nike negras encontraban todo tipo de compañeras, zapatillas Asics y un par de Puma rojas con velcro y plataforma elevada. Otras prendas eran más difíciles de identificar, habiendo sido aplastadas en la tierra como esos jeans sombríos o metidas en las bolsas de basura, por lo que solo se destacaban las prendas del neón más brillante.

Cada vez que reconocía algo me detenía. Una camisa de cuello abotonado a cuadros de H&M. Sobresalía de un montículo otra etiqueta que proclamaba “Made in / Fabrique au Canada”. Una bolsa imitación Versace de aspecto prístino se veía en duro contraste con la tierra color herrumbre. Una zapatilla que de tan destrozada era apenas reconocible.

No pudimos quedarnos mucho en la cumbre de la basura al aproximarse las llamas. Debido a que el relleno ya había excedido su capacidad, se habían abandonado ciertas medidas de seguridad críticas. Por ejemplo, el relleno en un tiempo estaba dividido en cuatro cuadrantes. Ya no. Lo que es el motivo de que lo que pudo haber sido un incidente aislado en un cuadrante ahora comenzaba a incendiar todo el relleno.

Por cada campaña respecto de donar o devolver ropa, debiera haber cinco más ilustrando todo el trabajo que exige dar a esta ropa una nueva vida y cuánta de ella en realidad simplemente se descarta.

No tiene absolutamente ningún sentido dedicar tantos recursos a producir una prenda, enviarla al otro lado del mundo para que se venda, usarla sólo un par de veces y luego enviarla otra vez al otro lado del mundo para que todos esos recursos terminen lanzados a la atmósfera y a los pulmones de la gente, la tierra y las vías acuáticas.

Pero se quemen o no, los textiles en rellenos son siempre una fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. Reutilizar es mejor que reciclar y deshacerse de la ropa: usar una prenda el doble de tiempo reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero de la ropa en un 44%.

Todo esto quiere decir que no hay tal cosa como “moda sustentable”. Hay una moda que puede tener un impacto relativamente menor, pero es cuestión de grado y la recolección de datos ha sido tan débil en esta industria que a menudo incluso es difícil concluir que un producto con la etiqueta “moda sustentable tiene un impacto menor realmente demostrable.

Esto perpetúa la noción de que podemos comprar la sustentabilidad y que se trata simplemente de comprar esto en vez de aquello. No es el caso. Lo más sustentable de lejos es no comprar la cosa.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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