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La cruzada de las series de Netflix contra los judíos

Por hollisterclothingoutlet 01/01/2023 117 Puntos de vista

A Juan Manuel de Prada, amigo de la familia en momentos difíciles.La cruzada de las series de Netflix contra los judíos La cruzada de las series de Netflix contra los judíos

En los últimos tiempos, el catálogo de Netflix ha consolidado un nuevo género: la crítica a las comunidades religiosas judías. Desde el documental estadounidense One Of Us (2017) o la película suiza El despertar de Motti Wolkenbruch (2018), hasta la serie israelí Shtisel (2018) o la serie alemana Unorthodox (2020), la fórmula es siempre la misma: un individuo (o grupo de individuos) huye de las duras exigencias del judaísmo ultra-ortodoxo.

O más bien del judaísmo ortodoxo, ya que el prefijo 'ultra' no es más que un desprecio (igual que en 'ultra-izquierda' o 'ultra-derecha'). ¿Y qué es la ortodoxia judía? Cumplir la ley religiosa halajá, participar en las oraciones de la sinagoga, diez festividades y siete ayunos anuales, el descanso en los sábados (sabat), comer solamente alimentos permitidos (kosher), casarse con una pareja ortodoxa y tener mucha descendencia.

Todas las religiones tienen ramas más ortodoxas: aquellas que insisten en pensar y actuar conforme a su Tradición, frente a esa manía moderna que es la innovación, algo excelente en lo técnico o lo médico, pero improductivo en lo espiritual (pues, por mucho que pasen los siglos, el bien sigue siendo bueno, la verdad sigue siendo verdadera y la belleza sigue siendo bella). Ejemplos de ortodoxia religiosa son, en el cristianismo de Europa Oriental, la pravoslavie (= correcta glorificación); en el mundo islámico están los suníes (= costumbres del Profeta), en el hinduísmo está la sanatana-dharma (= tradiciones eternas)… Aunque Netflix ha escogido el judaísmo como blanco de sus críticas (por ser la religión occidental más antigua y estricta), el ataque se dirige contra toda ortodoxia religiosa en general.

Los sesgos de Netflix

El reality citado gira en torno a Julia Haart y su familia, a quienes llamaremos (para no aprender nombres) el Ex-Marido y el Nuevo Marido, el Hijo Menor y el Hijo Mayor, la Hija Menor y la Hija Mayor (y el Yerno). La sinopsis: a los 43 años, Julia Haart decide huir de Monsey, comunidad judía ortodoxa. Se divorcia y se lleva consigo a sus hijos, en busca de una vida más libre y próspera.

Hasta aquí, estaríamos ante otra producción de Netflix sobre el éxodo urbano como acto empoderador. Así ocurría, por ejemplo, en One of Us: Luzer abandona la parroquia de Boro Park para disfrutar “del sexo, bacon y cine” de Los Angeles. Lo mismo en Unorthodox: la joven Etsy cambia el pequeño barrio judío de Williamsburg por la gran ciudad cosmopolita de Berlín. ¡Y, milagrosamente, las 'luces de la ciudad' le curan la introversión y el vaginismo! Pero el reality de Julia Haart plantea un giro aún más milagroso: emancipada de toda ortodoxia, la Haart asciende meteóricamente en el 'mundo libre' hasta convertirse en la millonaria CEO de Elite World Group, multinacional de la moda. Netflix redobla la seductora apuesta del mundo moderno: ofrecemos baratijas de sex shop y fast food, por descontado, pero también tienes el American Dream de enriquecerte sin límites.

Y para ello, el único requisito sería desprenderse de toda restricción religiosa o moral. Haart cuenta que la clave del éxito fue abandonar el uso ortodoxo de la ropa (es decir, cubrirse a uno mismo y expresar pertenencia grupal) y abrazar el concepto capitalista de la ropa: destape y expresión individualista. Como premio a este simple cambio, llegaron los millones de monedas de plata. Y el mismo consejo le da al Hijo Mayor y a la Hija Mayor: os haréis ricos si cambiáis el humilde estudio de la Torá por el lucrativo estudio del derecho mercantil, y si cambiáis el baile litúrgico del Hava Nagila por las coreografías en TikTok.

La cruzada de las series de Netflix contra los judíos

A lo largo del reality, comprobamos que la Modernidad es también una ortodoxia (con sus propios ritos y dogmas), pero aún más celosa y opresiva. Haart cambia las 20 horas semanales de oración por 20 horas diarias de trabajo, cambia la fiesta familiar del Sukkos por el ajetreo de la Fashion Week, cambia la shacharit matutina por “empezar el día repitiendo ante un espejo que debo ser una ejecutiva de éxito”. Haart predica su nueva fe con el celo del converso.

La justificación de Haart siempre es la misma: “yo quiero que exploren todas las posibilidades y luego decidan”. Esta es la clásica falacia de Lucifer: el ángel caído nos insta a probar el fruto del Bien y del Mal. El 'truco' está en que adentrarse en el Mal mina automáticamente la capacidad de discernir y preferir el Bien. Ya no vuelve a ser manso el animal que prueba la sangre. El que se ha hecho adicto ya no juzga imparcialmente. De la misma forma, la conciencia del sujeto moderno está anulada bajo la exposición constante a la violencia gráfica, el abuso de diversas tecnologías y sustancias, el consumo de pornografía…

Julia Haart termina la conversación con el Hijo Menor tirando de autoridad temporal: “yo tengo 49 años y tú solo tienes 14”. Esta frase proviene de la misma Haart que afirma que la tradición ortodoxa no es respetable solo por ser antigua. Tras la charla, Haart habla el tema con la Hija Menor, su mejor discípula. La Hija Menor, activista poliamorosa, suele quejarse de que en Monsey trataban su bisexualidad como una mera fase temporal. En esta ocasión, la Hija Menor consuela así a su madre: “no te preocupes por la religiosidad de mi hermanito, seguro que es solo una fase”. Bastan estas dos citas como ejemplo de la hipócrita mentalidad moderna, dispuesta (como un lobo) a morder la mano que le dio de comer.

La Tradición como Cordero

Un buen día, la Hija Menor se atreve con otro gesto 'subversivo', cambiándose el apellido paterno por el de Haart. Madre e Hija Menor deciden ir a Monsey a comunicarle la decisión al Ex-Marido. La Hija Menor se dispone a vestirse conforme a las normas de Monsey, pero Julia Haart, asomándose por su espalda como un diablillo posado en su hombro, le sugiere ir en camisetilla y jeans ajustados. Ni siquiera la Hija Menor, provocadora nata, ve la necesidad de entrar en la comunidad violando sus normas, pero Julia la acaba convenciendo.

Una vez en Monsey, Julia le anuncia a la Hija Menor “prepárate para que todos te miren, por ir en pantalones”. Y, cual profecía autocumplida, todos les miran. Pero ocurre, más bien, porque la Haart se pasea por la aldea “vestida en verde chillón, tacones de veinte centímetros y con las tetas fuera” (en palabras de su socio) y, sobre todo, porque irrumpe con un cochazo Bentley rojo y un séquito de camarógrafos. “Odio venir a este lugar”, se lamenta la Haart, apenas disimulando su regocijo en la provocación. La 'libertad' de la Modernidad tiene mucho que ver con la esclavitud de siempre escandalizar a los demás, de desgastarse embistiendo cada tabú, de trasgredir permanentemente para estar 'a la última'.

Finalmente, la Hija Menor le comunica al Ex-Marido su decisión de renunciar al apellido de él. Ella se prepara para una reacción airada, pero él la abraza y le dice lo orgulloso que está de ser su padre, sean cuales sean sus decisiones. A medida que la serie intenta 'poner en apuros' a los personajes ortodoxos, una incómoda verdad se va revelando. Cuanto más aumenta la ferocidad moderna de Haart y la Hija Menor, más se encuentran con la amorosa resignación de los más ortodoxos.

Así ocurre también cuando la Hija Mayor le anuncia a su esposo (el Yerno, que también mantiene la fe ortodoxa) sus intenciones de vestir 'a la moda' y de posponer indefinidamente la maternidad. El Yerno lo acata todo, luchando contra sus propias convicciones por amor hacia ella. Lo mismo tras la agresiva discusión de la Haart contra su religioso Hijo Menor: éste le envía un mensaje al móvil diciendo que la quiere como es, independientemente de su identidad religiosa o atea.

La serie Unorthodox (2020) tenía un final semejante. Cuando la joven Esty huye a Berlín, su marido ortodoxo cruza el océano para buscarla y pedirle que se quede con él. Le ofrece renunciar a toda creencia que la incomode, cortándose allí mismo sus sagradísimos tirabuzones. Ella le rechaza, “es demasiado tarde” (¡qué son seis años de matrimonio cuando ya lleva seis días de moderneo berlinés!).

Sin pretenderlo, Netflix evidencia que la Tradición es, ante todo, el querer incondicionalmente. Y la Modernidad es su enemigo declarado. La cruzada de Netflix contra el judaísmo es una cruzada contra todas las religiones. Y la cruzada contra todas las religiones es una cruzada contra el amor.

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