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Por hollisterclothingoutlet 15/09/2022 101 Puntos de vista

Martin Marty quiso salvar a los sioux del fuego del infierno e incluso intentó convertir a Toro Sentado. Formó parte de la campaña de aniquilación de la cultura indígena. Pero, ¿qué pudo llevar a un monje benedictino suizo a emprender una misión de ‘civilización’ de los indígenas en nombre de los Estados Unidos?

Este contenido fue publicado el 29 agosto 2021 - 11:00

La capilla conmemorativa del obispo Marty en Yankton, Dakota del Sur, se construyó en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, como "monumento al santo obispo gracias al cual los benedictinos llegaron a Dakota". El monje benedictino suizo Martin Marty llegó a ser conocido allí como el "apóstol de los sioux"; varias escuelas y una pequeña localidad llevan su nombre.

Un dibujo de la vidriera de la capilla que lleva su nombre muestra cómo Marty intentó convertir (sin éxito) al recalcitrante jefe Toro Sentado, poco antes de morir asesinado. El vitral muestra a Marty mirando al gran jefe con asombro y respeto, mientras, al fondo, un grupo de mujeres indígenas canta con libros de cánticos en sus manos.

Al historiador suizo Manuel Menrath, que ha estudiado en profundidad la historia de Martin Marty y su papel en la ‘civilización’ de los sioux, esta representación siempre le ha parecido de una hipocresía francamente irritante: “Se representa a un Marty completamente respetuoso, cantando devotamente con unos indios que llevan el pelo largo y adornos de plumas en la cabeza. Es posible que en el cielo se les permitiera ir como más les gustara, pero en los internados dirigidos por Marty las cosas eran muy diferentes: los adornos y el pelo fue lo primero en desaparecer, se consideraba pagano y diabólico”.

El hecho de que muchos sioux sigan siendo católicos hoy en día es obra de Marty. Sus internados ayudaron a convertir a los niños indígenas en buenos americanos, trabajadores y, sobre todo, católicos. Martin Marty es un buen ejemplo de cómo un hombre con objetivos religiosos puede convertirse en un títere del colonialismo. Pero, ¿cómo acabó un monje de la Suiza central en los Estados Unidos del siglo XIX?

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Suiza y el colonialismo

Suiza nunca tuvo colonias - pero los suizos se beneficiaron del colonialismo.

Fascinado por el salvaje oeste

Marty, hijo de un sacristán, creció en un ambiente familiar religioso, y sus tres hermanos también se hicieron sacerdotes. Desde los cinco años fue educado por los jesuitas y se dejó inspirar muy pronto por su labor como defensores itinerantes de la fe. De niño encontró un modelo en San Francisco Javier, que en el siglo XVI llevó a cabo misiones en Japón, Mozambique e India. A pesar de que Francisco Javier nunca estuvo en América, en la Suiza central era venerado también como "apóstol de los indios".

Pero en Suiza, Marty no pudo hacerse jesuita. Su orden había sido prohibida por la Constitución del nuevo Estado Federal de 1848, por considerarla hostil al Estado y sujeta exclusivamente a Roma. Por ello, Martin Marty se hizo monje benedictino a los 16 años y recibió el nombre religioso de "Martin".

Dentro del Estado Federal, los cantones católicos se encontraban cada vez más dominados por los cantones protestantes. En muchos de ellos se cerraron los monasterios y los colegios católicos. El monasterio de Einsiedeln, al que pertenecía Marty, buscaba la manera de escapar de la amenaza de disolución.

Por ese motivo se enviaron monjes a Estados Unidos, y en 1854 fundaron la Abadía de San Meinrad en Indiana, cerca de Tell City, donde se habían establecido muchos colonos suizos en la década de 1850. En realidad, no solo buscaban un refugio, sino que viajaban tras los pasos de los emigrantes católicos, afirma Menrath: "Se temía que pudieran acabar convirtiéndose al protestantismo en el extranjero".

Pero la abadía del lejano Oeste no funcionaba como se esperaba en Einsiedeln. En 1860 Marty, que tenía entonces 26 años, fue enviado a poner orden. Y lo consiguió. Fundó una escuela para los hijos de los colonos, alrededor de la cual creció una pequeña localidad. En 1870, San Meinrad se convirtió en monasterio y Marty fue nombrado abad.

Pero la vida sedentaria del monasterio no le convencía; prefería verse a sí mismo como misionero en los territorios de frontera. Su deseo era llevar la verdad católica a los "paganos que viven en las tinieblas y en la oscuridad de la muerte". Aunque había llegado como administrador, la época era favorable para acercarse a su objetivo: convertirse en un “apóstol de los indios".

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