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Los sustos más absurdos de padres primerizos | Las Provincias

Por hollisterclothingoutlet 16/12/2022 48 Puntos de vista

MARÍA JOSÉ CARCHANO

¿Cuántas veces nos hemos acercado a nuestro bebé para comprobar que respiraba mientras dormía? ¿En cuántos momentos del día nos asaltan negros presagios cuando tose tres veces seguidas? ¿Cuánta culpabilidad hemos sentido porque se nos ha caído de la hamaquita o de la trona después de que lo hayamos dejado sin atar? Dicen las abuelas que cuando tienes un hijo ya no dejas nunca de sufrir por él; menos todavía cuando es un bebé de teta totalmente dependiente al que no comprendemos y ha llegado -'oh my God'- sin libro de instrucciones. Peor aún, convertimos a Google en nuestra enciclopedia médica donde, atención, una molestia en el dedo gordo del pie izquierdo se convierte en síntoma de una enfermedad gravísima e incurable.

La presión social de quitar el pañal a los niños a los tres años

María José Carchano

La realidad es que cada padre tiene varias anécdotas que contar sobre sus primeros pasos ejerciendo como tal. Algunas son muy graciosas, aunque en ese momento no haya risas, solo un susto que te da vuelta el corazón. Un ejemplo. Majo llevó a su hijo de dos meses a urgencias a las tres de la madrugada porque había tosido más de tres veces seguidas. En el motivo del parte de urgencias se podía leer: 'madre preocupada'. «Me sentí muy ridícula», dice Ana, que en aquel momento pensaba que el niño se ahogaba.

El hecho de que los bebés no hablen, ni sepan decir qué les pasa, no ayuda demasiado a calmar miedos. «Recuerdo a mi hija Adriana una tarde haciendo la siesta. Estaba profundamente dormida, llevaba un pijama morado y por cómo le daba la luz parecía que tenía la cara morada. Me asusté tanto, pensando que no respiraba, que la desperté casi gritando», cuenta Arantxa, que reconoce que su hipocondría se ha trasladado a la salud de sus hijos.

Los sustos más absurdos de padres primerizos | Las Provincias

La pandemia no ha ayudado, y recuerda cómo cuando empezó todo, allá por marzo de 2020, les llegó a tomar la temperatura a sus hijos varias veces cada noche. «Se convirtió en algo compulsivo que, por suerte, ya no hago», dice.

Fernando todavía se acuerda de que un día, no sabe muy bien por qué, empezó a leer sobre los colores de las cacas. «El artículo las dividía por gravedad de la enfermedad que padeciera según el tono, y alertaba de las de color blanco. Ese día mi hija hizo una caca más clarita de lo habitual y me la llevé corriendo al pediatra». El médico le explicó que, en todo caso, se trataba de un blanco nuclear, que aquello que la niña había hecho era algo normal. Las deposiciones son un mundo aparte, y qué padre no ha escudriñado en el pañal buscando la cabeza de un Lego (tema aparte es si se ha tragado objetos más grandes, o punzantes o, peor aún, una pila botón).

Cris es pediatra, y explica que hay consultas muy frecuentes que no revisten ninguna gravedad, y son habituales en el crecimiento de un niño. Por ejemplo, una de las más habituales es que tenga un pezón hinchado, como con un bultito dentro. «Se trata de algo hormonal, y así como viene se va». Reconoce que Internet asusta mucho, y que es mejor consultar al pediatra para que no nos asustemos sin motivo. De hinchazones en un pezón también tiene una anécdota Gema, que recuerda cómo a su hija se le enrojeció y pidió hora con el pediatra, preocupada por cuestiones hormonales y, quién sabe, un cáncer de mama, que había leído que también podía haberlos en niñas. «La pediatra solo hizo una pregunta: '¿ha estrenado algo de ropa últimamente?'. Pues acertó, porque el día anterior se había puesto en neopreno para ir a la piscina a natación, y le había provocado una reacción».

Gema tampoco podrá olvidar el día que se llevó a su hija corriendo a Urgencias con unas ronchas en la piel y una temperatura corporal superior a los cuarenta grados. En realidad se trataba de una dermatitis sin más gravedad que el hecho de que las rojeces estuvieran calientes y la que estaba en la axila hacía incrementar la temperatura que marcaba el termómetro. «Nos asustamos mucho».

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También puso el grito en el cielo María el día que vio algo rosa en el papel higiénico después de que su hija de ocho años hiciera pipi. «Pensaba que le había bajado la regla y no era más que el estampado de flores del papel higiénico», ríe.

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