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'Inuits' madrileños con raquetas e iglús

Por hollisterclothingoutlet 08/03/2023 537 Puntos de vista

Pasar un día en la nieve como si fuéramos inuits, pero sin tener que irnos al Polo Norte y sin soportar temperaturas de -30ºC... Eso es lo que propone Amadablam Aventura en el Puerto de Navacerrada: disfrutar de una jornada familiar en la montaña con el objetivo de mostrar, especialmente a los más pequeños, la forma de vida de este pueblo indígena originario del Ártico (Alaska, Canadá y Groenlandia), aprender algunas de sus técnicas, y al mismo tiempo descubrirles las características ambientales de la Sierra de Guadarrama de una forma divertida. 'Inuits' madrileños con raquetas e iglús 'Inuits' madrileños con raquetas e iglús

«Los niños aprenderán a caminar con raquetas de nieve y consejos básicos para salir a la naturaleza con seguridad, como por ejemplo, a orientarse siguiendo las señales de un sendero, construirán un iglú, la casa tradicional de los inuits o esquimales que les protege de las temperaturas gélidas extremas, o a identificar un pino silvestre», nos cuenta Pedro González, responsable de Amadablam.

Y de paso, a los adultos también nos vendrán bien estas prácticas, porque saber hacer un refugio en la nieve nos puede salvar la vida en una situación crítica de supervivencia (la hipotermia es la principal causa de muerte en la naturaleza).

El punto de encuentro para nuestra jornada inuit es la sede que Amadablam tiene en la Escuela Española de Esquí Alpino, en el mismo Puerto de Navacerrada. Allí los guías nos reparten al grupo de osados exploradores las raquetas, bastones y resto de material necesario para la actividad. El resto del equipo lo tenemos que llevar nosotros: ropa de abrigo, botas de montaña y guantes impermeables (imprescindibles, y también llevar otros de repuesto), mochila, cantimplora, comida y, por último, gafas de sol y crema de protección solar.

La ruta que se hace es sencilla y bonita, un recorrido de unos 4 kilómetros ida y vuelta a los Tres Cogorros, que cuenta con algunas de las mejores panorámicas de la Sierra de Guadarrama, y que sale de la residencia militar de El Cogorro, al final de la carretera que lleva a las míticas pistas de El Telégrafo y El Escaparate, donde muchos madrileños hemos aprendido a esquiar.

'Inuits' madrileños con raquetas e iglús

El guía nos enseña a calzarnos las raquetas, uno de los métodos de desplazamiento más eficaces para caminar en nieve recién caída o profunda. Tienen una punta y una talonera que para ascender se lleva suelta (dejando libre al tobillo para el movimiento natural de flexión) y en los descensos se sujeta al talón.

El sendero pasa por la estación meteorológica del puerto y se dirige hacia el primer Cogorro, donde se encuentra el mirador de Gallarza (lleva el nombre del piloto que hizo el primer vuelo Madrid-Manila), con excelentes vistas a las cumbres de Peñalara y las caras norte de la Bola del Mundo y Siete Picos.

Cuando nos hemos habituado ya a andar con las raquetas y queremos darnos cuenta estamos a medio camino, y los guías buscan nuestra cantera de nieve (no sólo tiene que haber cantidad, tiene que estar compactada para que pueda ser cortada en bloques) para construir los iglús.

Cortar bloques exactamente cúbicos no es posible, lo importante es que sean lo más compactos y grandes posibles. Para ir creando la estructura hay que colocar una primera fila de bloques formando un perímetro con forma de hexágono, y luego se van formando sucesivamente filas de bloques en espiral y cada vez un poco más hacia el interior, formando una bóveda. Hay que dejar aberturas para evitar la condensación en el interior del iglú y que la nieve se derrita.

Por último se construye el túnel de entrada y salida, que tiene que estar más profundo que la puerta para evitar así que se escape el aire caliente que hemos logrado atrapar en el interior.

Después de un merecido tentempié, continuamos la marcha hasta el tercer Cogorro, conocido también como el Mirador de las Maravillas, donde obviamente, la panorámica es maravillosa: ahora alcanzamos también a ver la silueta de la Mujer Muerta, Montón de Trigo, la Fuenfría y en el valle el espeso manto verde de pinares de Valsaín...

Regresamos por el mismo sendero al Puerto de Navacerrada después de cuatro horas ejerciendo de inuits. ¡Ah! Para acceder en invierno al Puerto de Navacerrada y no tener que madrugar hay un autobús lanzadera que sale de la estación de tren de Cercedilla cada media hora. Mucho más cómodo y sostenible.

Ficha técnica

Distancia: 4 kilómetros ida y vuelta.

Duración: 4 horas.

Edad: A partir de 4 años.

Precio: 27 euros adultos / 22 euros niños.

Contacto: ww.amadablamaventura.es


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